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  La Pandorga

 

LA PANDORGA

 

Virgen del Prado de Ciudad Real

     Fiesta popular de Ciudad Real, que se celebra el 31 de julio, en la cual se realiza una ofrenda floral a la Virgen del Prado, patrona de la ciudad.

    La figura del PANDORGO como se conoce actualmente es bastante nueva, 1980, y aparece al descubrirse unos documentos donde aparece reflejado que durante el 31 de julio un personaje a modo de mayordomo se comprometía a invitar al pueblo y las autoridades a un vaso de limoná y a un puñao compuesto de garbanzos tostados, tradición actualmente recuperada.

     Si se tiene constancia documental que en 1789 el Corregidor D. Vicente Ramón Maldonado, de origen salmantino, se negó a desempeñar el papel de Pandorgo, suspendiendo la celebración de la fiesta ese año, por eso el cantar:

Este año no hay Pandorga

Virgen del Prado,

por las cicateras

de Maldonado

     Después de que Ciudad Real realiza la ofrenda a la Virgen por jóvenes ataviados con trajes regionales, venidos de todos los puntos de la provincia y de los integrantes del Festival de la Seguidilla, en el Camarín de la Virgen una representación de los grupos Folklóricos de la ciudad bailan y cantan como culminación a esta fiesta.

     Entre esos grupos se encuentra Mazantini gracias a su creador Francisco García Márquez (llamado Mazantini por su parecido al torero de la época Luis Mazzantini), que aunque nacido en Daimiel el 28 de Noviembre de 1874, se trasladó a Ciudad Real y fue el impulsor de folklore y tradiciones de esta ciudad, perdurando el grupo hasta nuestros días.

Romance de la niña pandorguera, compuesta por Rafael Romero Cárdenas en el año 1977

 

El día ya se despierta

entre agonías de estrellas,

acosadas por los rayos

del sol de mágica esfera.

 

Una niña no ha dormido

esperando a que saliera,

¡la noche que larga es

para aquel que algo espera!.

 

Es treinta y uno de julio

y hay fiesta para una reina,

los de Ciudad Real le cantan

por seguidillas manchegas.

 

Esta noche allá en el Prado

bailará por vez primera,

y su cuerpo se estremece

cada vez que lo recuerda.

 

Su mente está dibujando

con ilusiones de hembra,

garabatos con los pies

a ritmo de castañuelas.

 

Su madre tampoco duerme,

porque acaso ella recuerda,

sus mocedades dichosas

que a su hija se asemejan;

 

Pero olvida los recuerdos

y en este hoy ya piensa,

tiene que darle a su hija

lo mejor que haya en la tierra.

 

Se levanta y con cuidado

medio hace las haciendas;

en la iglesia de Santiago

siete campanas suenan.

 

Pradito, es hora de levantarse

y no quiero que te entretengas,

hay que preparar tus cosas

y terminar las haciendas.

 

Impulsada por un gozo

que tanto tiempo ella espera,

salta de la cama alegre

y envolviéndose en las trenzas.

 

Se persigna y ora a Dios

y a la Virgen ya le reza

mezclando Avemarías,

Padre nuestro y promesas.

 

Saca el arcón de cuero

todo el traje de manchega,

que yo sacaré del cofre

las alhajas de la abuela.

 

El día se fue pasando

entre almidones y sedas,

planchadas borrando surcos

y aromas de hierbabuena.

 

La niña ya se ha vestido

y la madre la venera,

con alabanzas y besos,

con piropos y con fiestas.

Luego le dice muy alto:

¡si Carlos Vázquez te viera

muy de segura yo estoy

que en sus lienzos te pusiera!.

 

La risa acude a tu cara

con sonrojo de vergüenza,

el padre no dice nada,

una vecina comenta.

 

Con otra desde el balcón

lo bien que va de compuesta:

¡no le ha faltado detalle

de los pies a la cabeza!.

 

El moño de picaporte

compuesto de cuatro trenzas

va sujeto y adornado

con lazo de seda negra.

 

Arracadas de oro fino

de la Córdoba torera,

camafeo de marfil

pañete de Lagartera.

 

Encaje fino de Almagro

adornando la pechera,

corpiño negro de raso

bordada faltriquera.

La falda de lana pura

con mil colores alegra

en sus verticales rayas

los bordados juguetean.

 

Mandil alforzado negro

con flores de lentejuelas

las medidas de fino hilo

y senojiles de fiesta.

 

El zapato abotinado

con lazo negro se cierra,

¡y qué puntillas y qué lazos,

lleva su enagua bajera!.

 

Un mozo la está esperando

en el quicio de la puerta

vestido con traje negro,

como lo exige la tierra.

 

Por la empedrada calle

ya se marcha la pareja,

un viejo desde la esquina

templa su guitarra vieja,

 

y con voz aguardientosa

y rasgueos con la diestra

lanza su voz al viento

por seguidillas manchegas.

 

Por la calle el jacinto

hacia la Rosa

por bailar a la Virgen va presurosa.

Los claveles se asoman,

 

 por la Azucena

para ver los ojitos

de esta morena

y ya en el Prado,

gorriones y palomas se han asomado.

 

Ofrenda a la Virgen   Bailes ante el Camarín de la Virgen

 

 

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